María del Carmen Dongo y Mano Madera: El Cajon es peruano.
Toco madera.
Detrás de la campaña de rescate del cajón peruano, existe una travesía poco conocida. María del Carmen Dongo, la percusionista que lideró este periplo, evoca algunos pasajes al compás de los efectos que produce un cajonero: silencio, contrapunto y repique. Una antesala para el Día de la Canción Criolla.
Por Milagros Salazar – La Republica
Silencio
En ciertas luchas por la identidad, hay hijos no reconocidos. María del Carmen Dongo suele decir que la campaña de rescate del cajón, que inició en 2001, era precisamente una manera de “comprometer al Estado en reconocer la paternidad peruana del instrumento y ponerle su verdadero apellido”. Darle una partida de nacimiento.
“No fue fácil. Hubo mucho silencio cómplice. Pocos querían comprarse el pleito de denunciar que en España y en el mundo comercializaban el cajón como flamenco o rumbero”, insiste en medio de los ajetreos de su concierto del 31 de octubre, con el que piensa cerrar esta primera etapa de cinco años de trabajo constante.
Si no la hubiese acompañado en esta labor de difusión, creería que exagera. Pero no. Recuerdo que una vez, en el verano de 2001, llegamos (hoy creo que con mucha ingenuidad) hasta las puertas de Indecopi para averiguar la posibilidad de conseguir una patente que reconociera el origen peruano del cajón. Nos enteramos esa mañana que un instrumento que era producto de la creación colectiva de un país no podía ser registrado en Indecopi, que las patentes de origen no existen, que son otorgadas al individuo que crea el objeto, no a una nación.
Pocos días antes de la visita a Indecopi, María del Carmen se presentó en la Comisión de Cultura del Congreso para explicar a nuestros parlamentarios la importancia de reconocer legalmente al cajón como peruano: acompañada por la guitarra de Octavio Santa Cruz, interpretó la célebre pieza “Cuatro tiempos jóvenes negros” de Félix Casaverde, que es un viaje musical por todos los ritmos de nuestra costa: vals, zamacueca, marinera, landó y festejo.
Habló mediante los graves profundos de la madera, el brillo de los agudos y también con los silencios. “Cuando terminé de tocar, todos aplaudieron, pero me dijeron que no se podía sacar una ley para reconocer el origen del cajón”, recuerda ahora.

Música y danza en un solo latir con Mano Madera.
Sin embargo, los primeros meses de campaña rindieron un primer resultado contundente: en agosto de 2001, el Instituto Nacional de Cultura declaró al cajón Patrimonio Cultural de la Nación, gracias al apoyo de Luis Repetto.
Contrapunto
“En un escenario, el contrapunto significa desafío y diálogo entre los músicos. Es decir: Esto somos, nos ponemos de acuerdo y juntos sonamos así”, dice María del Carmen. La figura sirve para indicar que en la campaña hubo consensos, pero también resistencias de algunas cofradías musicales.
“Fui criticada por convocar al escenario a jóvenes músicos que no eran negros y a mujeres. Me preguntaba ¿cómo era posible que algunos sostuvieran que solo un negro puede tocar el cajón en un país multirracial? Decidí ir contra la contracorriente”. Su grupo Mano Madera, que nació en octubre de 2001, es la mayor prueba de esta diversidad. Hombres y mujeres. Negros, blancos, criollos, cholos. Al igual que Cynthia Galicia, una mexicana que la acompaña en esta tarea dentro y fuera de escena, soy una de las integrantes de esta agrupación de distintos colores y sonidos. Y en esa mezcla, les digo, hay una forma poderosa de sentir la música.
Pese a todo, Dongo y el grupo fueron convocados por Promperú para representar al país, primero en Brasil y luego en España, en el afamado festival de turismo Fitur que se inauguró con un contrapunto de cajones ante los Reyes de España.
La visita de Mano Madera entusiasmó a la prensa madrileña. “¿Cuéntanos, cómo es eso de que el cajón es del Perú?”, preguntaban los periodistas. Entonces, María del Carmen empezaba a relatar que “fue Paco de Lucía que en los años 70 se llevó el cajón durante su paso por Lima y lo incorporó al flamenco”.
Repique

La percusionista María del Carmen Dongo al rescate de los sonidos del Perú para exportarlos al mundo.
En los cinco años de campaña, Dongo ha enseñado la técnica del cajón a mil personas, entre niños, jóvenes, adultos y ancianos. La cifra resulta sorprendente, pero mucho más la capacidad de la percusionista de lograr que hasta los sordomudos toquen el instrumento. Esto sucedió hace dos años, cuando la Asociación de Sordos la convocó para preparar una actuación por Navidad con los miembros de la institución. Gracias a su formación de musicoterapeuta, la percusionista sabía que debía apelar a la vibración, en un lugar pequeño y cercado por vidrios, para que sus nuevos alumnos sintieran el ritmo del cajón. “Algunos agarraron el patrón rítmico, otros no. Entonces les pedí que se pusieran de pie, en fila, e inclinaran el tronco hacia adelante. Y empecé a tocar en sus espaldas para que sintieran los toques del alcatraz con la vibración de la caja torácica. Aprendieron en dos ensayos”, cuenta.
A partir de la consolidación de la campaña del cajón, la percusionista empezó a explorar otras dimensiones. Una de ellas ha sido aplicar el cajón en intervenciones pisoterapéuticas con una técnica denominada “terapia de ritmo”. Tras cinco años de trabajo, María de Carmen Dongo y Mano Madera buscan saltar del eslogan “El cajón es del Perú” a una propuesta más diversa, en la que se ponga de relieve la potencialidad sonora del instrumento, no solo para los ritmos de la costa, sino también de la sierra y selva. El concierto del 31 de octubre en la nueva sede de la Biblioteca Nacional constituye la celebración de lo logrado y el impulso de lo que aún falta por hacer.
www.larepublica.com.pe – Dominical
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