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El regreso de Fujimori no arrastra a las masas al aeropuerto de Lima. Foto con su vestido de carcel a rayas

· 23 septiembre, 04:23 por Chino B.

EXPECTACIÓN EN PERÚ ANTE EL PROCESO JUDICIAL DEL ‘CHINO’
El expresidente peruano ya está en una cárcel limeña tras ser extraditado ayer desde Chile
Unos 300 seguidores se movilizan para recibir al político de origen japonés y provocan incidentes *FUJIMORI, SI ES EXTRADITABLE. GALERIA DE FOTOS”:http://www.larepublica.com.pe/images/stories/multimedia/reportajes/fujimori/galeria.html
ABEL GILBERT
LIMA / ENVIADO ESPECIAL
Foto retocada por el periodico chileno La Nacion
Alberto Kenyo Fujimori regresó ayer sin gloria a Perú. Llegó a una Lima brumosa y abúlica a las 16.38 horas (poco antes de la medianoche española). Bajó del avión policial vistiendo una gabardina negra. No llevaba esposas pero lo abatía el peso de las circunstancias.
El fuji-prófugo, como se lo llamaba desde su huida farsesca, en noviembre del 2000, no tuvo el vindicatorio baño de masas que tal vez esperaba. Apenas unos cientos de simpatizantes salieron a las calles a vitorearlo. Muy poco para quien gozó de tanto poder durante una década, y que casi solo deberá responder ante la justicia por dos matanzas, perpetradas en los primeros años de su Gobierno, y cinco casos de corrupción.
La nave Antonov, de origen ucraniano, aterrizó en la base aérea de Las Palmas, en el distrito de Surco. El Chino se subió de inmediato a un vehículo blindado de color oscuro. Luego, un helicóptero lo condujo a la Dirección de Operaciones Especiales de la Policía Nacional (Diroes), donde permanecerá en principio detenido. La ironía del destino no podía ser mayor. En ese mismo lugar fue recluido su Rasputín y asesor especial, el capitán Vladimiro Montesinos, después de ser capturado en Venezuela, en el 2004. Fujimori tendrá allí las comodidades que se le pueden brindar a un exmandatario.

PRESIÓN SANGUÍNEA BAJA
El camino de la extradición se inició ayer en Chile muy temprano. Como el Antonov tiene poca autonomía de vuelo, primero hizo escala en Antofagasta. Al medidodía atravesó la frontera y descendió en la sureña Tacna. Un enfermero subió a bordo. Al pasajero le había bajado súbitamente la presión sanguínea.
El presidente Alan García ha tratado de no convertir la extradición en un espectáculo ni en un ejercicio público de linchamiento. De hecho, la imagen del Chino fue completamente invisible para las cámaras, salvo por unos breves segundos. García sabe que ha recibido un “presente griego”, al decir de Mirko Lauer, analista del diario limeño La República. De un lado gobierna con una furtiva colaboración del fujimorismo, que ayer ya amenazó con restarle su apoyo en el Congreso. Por el otro, teme que la presencia del fuji-tivo termine convirtiéndose en un problema no buscado.
“Voy hacia Perú con un blindaje legal que me otorga el tratado de extradición y esta sentencia del Tribunal Supremo”, le dijo Fujimori al diario chileno El Mercurio. Frente a las cámaras del Canal 13 de Santiago fue más desafiante: “No reconozco lo que se me acusa”. Con una sonrisa triunfal impostada, anticipó que demostrará que las siete acusaciones en su contra “son falsas, no tienen consistencia ni sustento”.

AÑOS ENTRE REJAS
Los fiscales piensan lo contrario. Hacen cuentas y calculan que el “último samurái”, como se ha definido el mismo Fujimori, puede pasar muchos años entre rejas. La fiscal de la nación, Adelaida Bolívar, aseguró que el Chino será primero procesado y seguramente sentenciado por haber ordenado allanar la vivienda de la esposa de Montesinos, Trinidad Becerra. El siete de noviembre del 2000, un falso fiscal entró en la casa para incautarse de unas maletas. Vladi ya había caído en desgracia y estaba clandestino. Fujimori creyó que se llevaba pruebas que podrían incriminarlo en un futuro. Ese futuro llegó, aunque no como él esperaba.
Muchas cosas han cambiado y otras permanecen imperturbables en Perú. Alan García, al que mandó capturar vivo o muerto en el golpe de 1992, es presidente. Montesinos es un reo y maldice a su exjefe todos los días. Por su parte, el partido de Ollanta Humala, el militar que intentó levantarse contra Fujimori en septiembre del 2000, obtuvo en el 2006 la primera mayoría del Congreso. Muchos peruanos lo premiaron con el voto por aquella revuelta de ribetes circenses. En esos años, la economía creció al ritmo del 6% anual. Lo que sigue igual en Perú es la pobreza y la desilusión. Fujimori sueña con que esa bronca, siempre latente, se convierta en la lava que derrita las rejas que lo encerrarán.
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